Nicaragua restringe Semana Santa y enciende alarmas por libertad religiosa

En los últimos tres años, Nicaragua ha vivido un aumento sostenido de restricciones a la libertad religiosa, situación que se evidencia con mayor fuerza en la Semana Santa 2026. Por tercer año consecutivo, el gobierno de Daniel Ortega ha prohibido las procesiones y actividades religiosas en espacios públicos, limitando las celebraciones al interior de los templos y bajo estricta vigilancia policial.
El despliegue de fuerzas de seguridad en iglesias y la prohibición del viacrucis en calles y plazas reflejan un endurecimiento del control estatal. A esto se suman medidas como la restricción de ordenaciones sacerdotales, la expulsión de religiosos y un clima constante de tensión entre la Iglesia Católica y el Estado
De acuerdo con lo publicado por Artículo 66, el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, cuestionó estas decisiones y destacó que la Semana Santa es un tiempo sagrado para las familias en América Latina, lo que evidencia la creciente preocupación internacional.
Expertos en derechos humanos de organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, junto a analistas políticos de la región, señalan que estas restricciones podrían estar relacionadas con el control político o el temor a concentraciones masivas que deriven en protestas.
Esta situación no solo impacta el ámbito espiritual, sino también el social, cultural y económico. Las procesiones forman parte de la identidad del pueblo nicaragüense, y su suspensión debilita tradiciones, limita la convivencia comunitaria y afecta a pequeños comercios que dependen de estas actividades.
Mientras tanto, organismos internacionales y defensores de derechos humanos insisten en la necesidad de garantizar la libertad religiosa como un derecho fundamental, en medio de un conflicto que continúa marcando la vida de miles de fieles en el país.